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Gastronomía

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Las características principales de la cocina allerana coinciden, en lo fundamental, con las de la asturiana, con algunas especialidades propias, sobre todo en la repostería.

El entrante más antiguo es el pote de berzas, muy recomendable aquí por la gran calidad de los productos de la huerta local. Del cerdo se obtienen ricos embutidos, picadillos (muy característicos de la zona) y otros derivados. También perfectos compangos para el pote y la fabada.

La riqueza ganadera deriva en excelentes carnes roxas de vacuno. El ovino y el capripo proporcionan apreciados guisos de cordero a la estaca, lechazo al horno y cabrito con patatas.

Son de destacar también las carnes de caza (corzo, rebeco y jabalí) tan abundantes en la zona. Y por supuesto, las truchas.

La guinda gastronómica de Aller es la repostería, Casadielles, frixuelos, borrachinos, la cuayá, el quesu podre... pero la estrella de los postres alleranos es, sin duda, el panchón.

El panchón lleva harina de escanda, agua, sal y levadura o fermientu. El conjunto se amasa y, envuelto generalmente en hojas de berza, se cuece durante 7 u 8 horas en los rescoldos de llar. Terminada la cocción se desmiga la masa y se envuelve con manteca de vaca derretida, endulzándola con azúcar o, como antiguamente, con miel.